miércoles, 27 de febrero de 2019

A solas frente al mundo


Decidí darle cabida a mis palabras y construir una casa para ellas, como un homenaje a esos silencios que quisieron ser voz, a esos sueños que se quedaron sin cumplir,  a los que en efecto se cumplieron, a los que están por venir, y a los que se convirtieron en poesía.  A esos amores que ya partieron, a los que dijeron adiós, a los que nunca supieron que hasta poemas inspiraron. Hago esto como una bienvenida a esos sentimientos que están naciendo y a esos que están por nacer, a los que para siempre enterré. Es un agradecimiento a la fe pérdida, a la palabra no dicha, a esas miradas escondidas. Es un homenaje al sonido del mar. Una elegía a quienes partieron, un bolero para quien quiera escucharlo, un lugar secreto de mi corazón. Este es el resultado de la suma de mis soledades y del exceso de buenas compañías.


Tengo a todo el mundo de frente y a veces quiero darle la espalda, para terminar escondida en estas palabras. Es mi manera de decir te quiero, de gritar justicia, de odiar, de amar, de darle vida a mis demonios, a mis amores, a la mujer de labios rojos profundos que vive en la nostalgia de los libros olvidados, de los tangos que jamás aprendió a bailar.  Este lugar es mi manera de volar sin miedo, de olvidar, de recordar, es la paz, es el dolor, es el adiós. Esta edificación está hecha de  canciones, de libros, de los mejores y los peores recuerdos, de la fuerza de los años que ya se fueron, de los que anhelo, del buen vino, los bambucos y los boleros.