A
mi madre; a mis amigas; a las amigas que se convirtieron en hermanas; a
aquellas mujeres que aman, que odian, que luchan, que son felices, que son
infelices. A las mujeres que conozco, y
saben gritar justicia, a las que me faltan; a las que admiro; a las sencillas;
a las grandes. A mí.
Maravillosa
mujer, que tantas veces te has estrellado contra el asfalto, te pones de pie,
limpias tus heridas, y detienes el llanto. Apareces sentada en lo más alto de
la nube formando el arrebol del universo. Haces que todo lo que ayer fue
mentira, hoy sea cierto.
Mujer,
pasas la vida entera apagando incendios, cuando en realidad eres fuego eterno.
Mujer,
tú que empapada en llanto recitaste la elegía de tus muertos, despiertas
enseguida a la vida, ofreciendo a la tierra lo que queda de tu alegría.
Mujer
valiente; mujer fuerte, mujer madre, mujer sin hijos, bella e inmensa mujer,
aunque a veces sientes que no puedes sumar más dolores, y tu boca se encuentre
más que cansada de los sinsabores, tus ojos son la puerta con que se inicia el
sendero de la libertad, y tu cuerpo resulta ser una obra de arte que no tiene
ni principio ni final.
Mujer
de cristal, mujer de fuego, mujer de hierro, mujer de piel, mujer cantora,
mujer poeta, mujer valiente y temerosa, tus palabras son conjuro y tus
silencios cábala, aun cuando te crees rota, eres la base del cielo y la fuerza
del firmamento, sin ti se detiene el tiempo.