lunes, 18 de marzo de 2019

Mujer




A mi madre; a mis amigas; a las amigas que se convirtieron en hermanas; a aquellas mujeres que aman, que odian, que luchan, que son felices, que son infelices. A las mujeres que conozco, y saben gritar justicia, a las que me faltan; a las que admiro; a las sencillas; a las grandes. A mí.


Maravillosa mujer, que tantas veces te has estrellado contra el asfalto, te pones de pie, limpias tus heridas, y detienes el llanto. Apareces sentada en lo más alto de la nube formando el arrebol del universo. Haces que todo lo que ayer fue mentira, hoy sea cierto.

Mujer, pasas la vida entera apagando incendios, cuando en realidad eres fuego eterno.

Mujer, tú que empapada en llanto recitaste la elegía de tus muertos, despiertas enseguida a la vida, ofreciendo a la tierra lo que queda de tu alegría.

Mujer valiente; mujer fuerte, mujer madre, mujer sin hijos, bella e inmensa mujer, aunque a veces sientes que no puedes sumar más dolores, y tu boca se encuentre más que cansada de los sinsabores, tus ojos son la puerta con que se inicia el sendero de la libertad, y tu cuerpo resulta ser una obra de arte que no tiene ni principio ni final.

Mujer de cristal, mujer de fuego, mujer de hierro, mujer de piel, mujer cantora, mujer poeta, mujer valiente y temerosa, tus palabras son conjuro y tus silencios cábala, aun cuando te crees rota, eres la base del cielo y la fuerza del firmamento, sin ti se detiene el tiempo.   



sábado, 9 de marzo de 2019

lunes, 4 de marzo de 2019

Sin nombre...





Juguemos al amor dijiste, y te seguí. Seguí uno a uno tus pasos, tus caminos, tus lugares, tus canciones, tus tristezas, tus alegrías. Escuché cada una de tus notas, visité tus calles, fui la pluma que escribió en el lienzo de tu piel, aposté por ti y jugué al amor.  Te vi ser pequeño y ser el más grande, hubo noches en que fui testigo de cómo conquistabas el universo, y también vi cómo fuiste infierno.  Me senté a contemplar desde esa esquina del mundo que me ofreciste el paso de los días, los meses y los años, ese innombrable tiempo,  tiempo que sin piedad, sin bondad,  dejó sin cielo todas las estrellas que juntos contamos.

Yo, la fiel pasajera de ese tren desbocado que fue tu amor, quise ser la espada con la que libraras todas tus batallas. Fui guerra, fui dolor,  fui el alma de una noche triste,  fui esa nostálgica melodía que compusiste,  fui el delirio de tu voz en los días de confusión, tantas cosas fui. Y juntos fuimos, fuimos sombra buscando la luz, fuimos la arena en donde descansó ese infinito mar de nuestra complicidad, fuimos ese sueño eterno sin cumplir, fuimos horas y canciones, lágrimas y risas, días azules, días negros, días blancos,  y hoy nada queda de ti ni de mí.     

Y sí, tuvimos un gran juego, una gran partida, pero los dados del destino no estuvieron a mi  favor, pues  se fugó nuestro amor, se escapó por aquella ventana que dejaste abierta, y tú te fuiste con él, los dos quisieron otra clase de azares. Mientras tú me desterrabas de esa inmensa tierra que era tu vida, yo quedé sin tiempo, y sin fuerzas, como una inmigrante sin hogar. Para seguir viviendo tuve que enterrarte en lo más profundo de esos escombros que dejaste en mí. Mientras tú renacías, yo me quebraba; mientras tú vivías, yo moría;  y al final ni la canción más grande de amor nos pudo salvar, y el juego llegó a su final.