La falta de
tus besos me obliga a escribirte estos versos. Y es coherente, pues tu ausencia
es tristeza, tristeza que no tiene más remedio que convertirse en poesía.
Confieso
que he intentado dejar de pensar en ti, pero resulta, que dejar de pensar en ti
es como quitarle el brillo al mar o a los pájaros su dulce cantar. Entendí que
es una lucha que no puedo ni quiero ganar. En realidad no, no quiero dejar de
pensarte, de extrañarte, de añorarte, no quiero, y no puedo. ¿Cómo podría, si
tu vida le da sentido a la mía?
La
falta de tu piel duele hasta lo más profundo de mi ser. Duele igual que esa
injusticia que no sabes explicar, duele como ese tango olvidado, como la
libertad perdida, como el bolero más triste. No estás, es verdad, pero sin
estar existes en mí con la fuerza de un vendaval.
Confieso
que he aprendido a amarte aun sabiéndote lejos, me fortalezco con el recuerdo
de tu clara sonrisa, el brillo de tus profundos ojos. Es mejor amarte así,
desde lejos, porque no quiero la quietud de tus pasos a mi lado, solo quiero la
fuerza de tus alas iluminando más que mi mundo, para que algún día encuentres
en mí el lugar en el que quieres descansar.
Confieso
que vivo con este amor, he aprendido a soportar la falta de ti, a encontrar en tu ausencia inspiración, a hacer de este amor una fantasía que hoy llega a ti en forma de poesía.