Quise
decir tantas cosas en este tiempo incomprensible. Quise decirlas con palabras,
con mis ojos, con mi cuerpo, con mi silencio, con mis risas y con mi llanto. Tantos
y tantos sentimientos indescifrables, casi innombrables, buscando vivir a
través de las palabras.
¿Pero
cuáles son las palabras con las que debo nombrar lo que este tiempo nos dejó?,
¿debo hablar por todos?, ¿o tan solo hablar por mí?
¿Cómo
podré describir el dolor de la vida perdida?, ¿el amor desgastado?, ¿el amor
que este tiempo marchitó?, ¿el amor que no fue?, ¿el amor que todo lo salvó?
Sigo
buscando palabras, pero también melodías, miradas. Sigo buscando cómo decir todo lo que en este
tiempo quise decir.
¿Cómo
agradecer certeramente a la vida que nace, a la vida que vuelve a florecer, al
corazón qué volvió a palpitar, a las amistades que son familia, a las sonrisas
en medio de la tristeza? ¿Cómo rendir homenaje a la magia en medio de la
oscuridad?
Tanto
amor, tanto odio, tanto dolor, tantas
risas, y tanta esperanza en un mismo cuerpo recorriendo la misma sangre. Tanto
sentimiento en la misma piel. Esa piel
viva y muerta a la vez. Esa piel que todo lo pudo, incluso sortear los sinsabores
del ayer. Esa piel desolada, la piel desgastada, la piel que sueña con volver a
vivir, la piel que añora esa otra piel, la piel que desea el sol del atardecer.
Tanto
por decir, tan poco tiempo para hablar, y la vida en frente nuestro que solo
quiere recordar.
Al
final aquí estamos, aquí estoy, hablando
por todos, hablando por mí, de pie ante la vida. Con unas cuantas lágrimas y
unas sonrisas de más. Con incontables historias inconclusas. Con una lista de
esperanzas. Con el adiós del amor perdido, y la epifanía de lo ganado. Con los
besos anhelados y las palabras no dichas. Con los abrazos concluidos y con los
que nunca serán.
Al
final aquí estamos, aquí estoy en la vida misma, siendo una con este tiempo
incomprensible, buscando las palabras, las miradas, los atardeceres, el refugio
de la piel. Volviendo a nacer.