…No necesitaba ir muy lejos para entender que ya estabas lejos…
Decidí extender mis alas para alcanzarte, pero la dulce crueldad de tus labios lo atravesó todo, y transformó las esperanzas en pedazos, pedazos que rodaron por el suelo.
Y ahí me encontraba yo, muy lejos, lejos de todo, pero sobre todo de mí, con mis alas rotas, contigo ahí por fin pisando el mismo suelo, pero tu mirada puesta en otro cielo.
Caminé por esas calles grises y recogí los pedazos de mis alas, las guardé y las cargué de regreso a casa. Ahora llevo conmigo el peso de mis alas rotas a donde quiera que voy-debo confesar que cada día son más livianas-llevo conmigo el adiós de lo que se soñó eterno, llevo grabados en mí, tus ojos ausentes, el recuerdo de los años felices, el dolor de los días en que el amor se esfumó, en que el tiempo como un ladrón se interpuso entre tú y yo.
No necesitaba ir muy lejos para entender que ya estabas lejos. Parado frente a mí, pero sin estar ahí, porque mientras yo volé hacia a ti, tú te sumergiste en otro mar, y no dejaste nada al marchar, te lo llevaste todo en tu andar.
…No necesitaba ir muy lejos…