Deseo…
Tengo grabadas en la piel las incontables concesiones que he hecho ante el deseo. Puedo sentir en la sangre la fuerza de un volcán que quiere estallar ante el beso que se está por dar.
Suena incesantemente en mi oído esa voz, esa voz que puede llegar a ser canción. Esa voz que todo lo impregnó, y que al deseo desató.
He visto cómo los surcos de mis labios se han convertido en el puente entre mi piel y el deseo que vive en él. He visto a mis labios temblar ante ese respirar.
Bendito el deseo que amenaza con doblegar la fuerza de mis piernas y envolverlas en el abismo. Abismo prometido, abismo encantador, abismo seductor.
Mis pequeñas manos se sienten grandes al tocar esa piel. Esa piel que siempre llega a estremecer. Esa piel dueña de este deseo. Esa piel, lienzo en el que puedo dibujar mis besos. Piel inspiración de mis versos.
Vive en mí, inconteniblemente, este deseo que resultó ser: aire y vida. La misma vida. Este deseo que es una fuente donde se calma la sed. Es un toque de aire fresco en el desierto.
Deseo…