Las apuestas en las que me he dejado la vida son hoy la poesía que ilumina los días. Los lugares en los que he dejado algunos trozos de mi piel se aproximan en forma de recuerdos al amanecer.
Cuando llega la hora, la inmensa hora de verme frente al espejo la tierra seca vuelve a florecer.
Sigo apostando, sigo jugando, sin prisa. He dejado algo de mi aroma en algún rincón de este infinito mundo. Rio, lloro, voy contando las nubes en silencio, imaginando que subo al cielo y caigo de pie en este suelo.
Qué gire la rueda. Qué se escriba el poema. Que la lontananza se aproxime porque sigo bailando la melodía de esta eterna canción.
Sigo viviendo esta vida. El dolor es inspiración, los golpes del destino encuentran su sentido en este camino. La alegría es la fuerza de mis horas y mis días, es la magia escondida.
Sigo en esta vida, sigo cantando sin cantar, hablándole al viento, en ocasiones engañando al tiempo, persiguiendo el hilo de la mariposa de cuyo rastro jamás quiero escapar.
Sigo en esta vida...