El reloj marca las tres, y el día
se va tornando eterno. La lluvia poco a poco se adueña de la ciudad, incluso del sol reciente.
Ya no son las tres, y llevo el peso
infinito de las horas de este día que parece no tener final.
Pienso en esta nostalgia que viene
con la lluvia, el día ahora es gris, intento
una o dos palabras sin sentido, y al final todo conduce a ti.
Cierro los ojos e intento
disfrutar del agua atacando mi ventana, quiero conservar en mi memoria la melodía
del cielo cuando llora, y nuevamente llega tu imagen como un invitado
inesperado a poblar también este recuerdo.
Estoy en casa, releo mi libro
favorito, suena en la radio esa canción que ahora odio, la lluvia no cesa, y la reminiscencia de ti se niega a
marcharse, aun cuando tú nunca aprendiste el camino a esta morada.
Ha caído la noche, y la lluvia sigue orquestando tu ausencia. El reloj ahora marca las diez, y duele en la
piel el que no estés.
Es imperante recalcar la eficiencia de las palabras, una agradable prosa que provoca la continuidad de la lectura mil y un felicidades por esa conexión sensible y armoniosa. ;)
ResponderEliminarSon increíbles las imágenes tan vivas, tan sonoras y tan llenas de sentimientos que escribes. Gracias.
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