lunes, 1 de agosto de 2022

Dulce encuentro

 


La musa llegó a mi dulce encuentro,  me miró a los ojos, y sonrió.

Yo, mujer aprendiz de poeta envuelta en los hermosos hilos de la inspiración entregué mi alma a su divinidad, a su infinita potestad.

La fuerza y la debilidad de mi vida se entrelazan en la prosa que esa diosa me ha de regalar. Entiendo que quiero ser canción; quiero ser amor; quiero ser dolor. Quiero ser la tierra firme en la que puedas pisar, quiero morir y quiero vivir, quiero el regalo infinito de caminar sin miedo, quiero tocar el mismo cielo.

La musa me enseñó a volar, hemos emprendido juntas un viaje del que no se puede regresar. La musa me dio su fuerza de mujer, y se convierte en música, en poema, en lágrima, en sol, en vino y en destino, la musa me explicó de qué se trata el amor.

Yo, mujer aprendiz de caminante, quiero ser su poema, su vibrar, quiero que la musa nunca deje de brillar, que viva a través de mí su palpitar, y que encuentre la fuerza de mi andar, que hasta mi pluma ha de llegar.



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